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10 abr 2013

COMO UN CHIPRIOTA.



 Hoy voy a hablar de política y de economía. Y de Chipre.
Ante todo quiero dejar claro que no me gusta la política, las razones son bien evidentes,
con el clima actual de desconfianza con la clase política tanto de este país como de otros.

Hace unos años estuve en Chipre, de vacaciones. Me gustó la hospitalidad de sus gentes, el clima
mediterráneo, la gastronomía tan parecida la nuestra, tan variada.
Nos avisaron de que no había problemas de delincuencia, pues era uno de los países
 con menos gente en las cárceles.
Y pudimos comprobarlo. Las terrazas de los restaurantes se quedaban con el menaje preparado para el día siguiente, al alcance de cualquiera, y nadie tocaba nada.
Los coches los dejaban abiertos y con las llaves puestas, y nadie tocaba nada.
Buscando por la red he visto quejas a este respecto de los últimos años.

Como antigua colonia inglesa, conservan costumbres, como la de conducir por la izquierda.
Era curioso como al ir a cruzar una calle los coches paraban para que pasaras, tal vez ante la
evidente duda de mirar por dónde vienen los coches.

Tengo la suerte de haber viajado por todo el mundo, tanto por países desarrollados como en vías de desarrollo. Tal vez Chipre fuera uno de los "en vías de desarrollo".
Tal vez Chipre ha tenido una "burbuja inmobiliaria" pero con hoteles, pues recuerdo que se estaban construyendo por doquier. 
Querían un turismo de calidad. 
Querían entrar en la Comunidad Económica Europea.

No me gusta la política, me gusta el sentido común. que parece ser el menos común de los sentidos.
Fracasa la sociedad en que vivimos y lo peor es que se ceba con los más débiles, 
o los menos espabilados, que también los hay. 
Y habría que diferenciarlos. Todos aprendemos rápido nuestros derechos, pero no nuestros deberes.
Hay cosas que no se pueden decir en la tele, ni en la radio, porque quedan mal.
Los políticos, casi todos, pecan de excesiva demagogia. No, no se puede quedar bien con todos.
El pueblo chipriota es, según nos dijeron en el viaje, un pueblo abnegado, o bien resignado, pues la parte norte de la isla está ocupada desde 1974 por Turquía. El norte no disponía de central eléctrica, 
aún así, y habiendo sido ocupada por la fuerza, 
el sur suministraba al norte energía eléctrica.

En Nicosia me impresonó mucho la llamada "línea verde", una calle cortada con un mirador. Subías las escaleras y se veía una zona despoblada, desangelada, como un pueblo fantasma, 
donde ha crecido la maleza de manera descontrolada.
 Un militar con arma y todo estaba al cuidado del parapeto.


No me enteré cuando se derribó la "línea verde", no fue noticia.


Tal vez hace falta un cambio de paradigma, muchas cosas han cambiado pero muchas
 otras siguen siendo igual. 
Economía, política, educación, costumbres...

Todo debe cambiar, el optimismo es la clave

Os dejo un vídeo para pensar:























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